Modelo de Stufflebeam (CIPP), “contexto - entrada o input - proceso - producto”, que evalúa tanto el producto como la planificación del programa, su realización e impacto, desde la consideración de que este modelo ampliamente difundido y experimentado, ofrece “un enfoque de evaluación global e integrador” (Bausela, 2003: 367), refrendado por muchos investigadores de prestigio.
En este modelo se evalúa el contexto para ayudar a establecer las metas. Se evalúa la entrada para ayudar a planificar la propuesta o programa. Se evalúa el proceso para guiar su realización en la práctica. Y se evalúa el producto para ayudar a tomar decisiones de reciclaje (Stufflebeam, 1987). Estas cuatro fases quedan contempladas en la definición de evaluación que este autor nos plantea como resumen de los conceptos clave del modelo CIPP:
La evaluación es el proceso de identificar, obtener y proporcionar información útil y descriptiva acerca del valor y el mérito de las metas, la planificación, la realización y el impacto de un objeto determinado con el fin de servir de guía para la toma de decisiones, solucionar los problemas de responsabilidad y promover la comprensión de los fenómenos implicados.
¿En qué consiste el modelo de evaluación propuesto por Robert Stake?
Stake afirma que la gente espera que la evaluación tenga muchos propósitos diferentes, para documentar eventos, registrar el cambio, ayudar en las decisiones, buscar el entendimiento o facilitar las reparaciones. Por lo tanto enfatiza que la evaluación debe de surgir de la observación del programa.
Sostiene que existen diferentes maneras de evaluar programas, pero ninguna es la más adecuada. Sería preferible pensar en maneras en las que la evaluación pueda funcionar como un servicio y ser útil para personas específicas.
Las evaluaciones deben de ayudar a las audiencias a observar y mejorar lo que están haciendo.
Los evaluadores deben escribir programas con relación tanto a los antecedentes y las operaciones como a los resultados.
Los efectos secundarios y los logros accidentales deben ser tan estudiados como los resultados buscados.
Los evaluadores deben evitar la presentación de conclusiones finales resumidas, pero en su lugar deben recopilar, analizar y reflejar los juicios de una amplia gama de gente interesada en el objeto de la evaluación.
Los experimentos y los test regularizados son a menudo inadecuados o indeficientes para satisfacer los propósitos de una evaluación, y deben frecuentemente ser sustituidos o completados con una variedad de métodos.
Stake está de acuerdo con Scriven (1967) en que una evaluación no tiene sentido hasta que emite un juicio.
Por tal motivo concibe el propósito de la evaluación como un servicio más que un análisis crítico.
Recomienda que las evaluaciones de programas deben reflejar el mérito y los defectos percibidos por grupos bien identificados, y mencionó cinco con importantes opiniones que exponer acerca de la educación: portavoces de la sociedad en general, expertos en el tema, profesores, padres y estudiantes
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