Scriven definía la evaluación como una actividad metodológica que consiste simplemente en la recopilación y combinación de datos mediante la definición de unas metas que proporcionen escalas comparativas o numéricas, con el fin de justificar los instrumentos de recopilación de datos, las valoraciones y la selección de las metas. Consiste en la determinación sistemática y objetiva del valor o mérito de algún objeto, realizada por un evaluador independiente quien emite sus juicios valorativos basándose en pruebas acumuladas procedentes de la comparación con otros objetos distintos. Según este punto de vista, la evaluación es preferentemente comparativa, debe ser realizada con la mayor objetividad posible y debe culminar en juicios y recomendaciones. En este sentido, afirma (Scriven, 1998a: 64):
Señala que solo hay dos conexiones entre estos cuatro predicados: la gradación implica la calificación y el prorrateo consiste, aunque no es reducible a ellas, en un complejo de ambas. Además, afirma que “(…) las recomendaciones son parte del vocabulario evaluativo aplicado y son conclusiones dependientes del contexto basadas en la combinación de los predicados básicos” (Scriven, 1998b: 85).
La disciplina de la evaluación se encarga de la determinación sistemática y objetiva de la medida en que cualquiera de las siguientes tres propiedades es atribuible a la entidad que se evalúa: mérito, valor o significación (el mérito es más o menos equivalente a la calidad; el valor, al costo-efectividad; la significación, a la importancia.) Cada uno de estos conceptos es dependiente del contexto, sobre todo la significación, y percibir la diferencia entre dependencia del contexto y arbitrariedad es parte de la comprensión de la lógica de la evaluación.
Todas las conclusiones de evaluación se expresan en términos de solo cuatro predicados: I) clasificación; II) gradación; III) calificación y IV) prorrateo. Cada uno puede referirse a cualquiera de las tres propiedades mencionadas en el párrafo anterior, es distintivo y, por ende, requiere un diseño diferente de investigación (…).
• Evaluación formativa y sumativa
La principal responsabilidad del evaluador es emitir juicios bien informados. Insiste en que la meta de la evaluación es siempre juzgar el valor.
En cuanto a las funciones señala que son dos los “elementos de una particular clasificación de los roles de la evaluación” (Scriven, 1996: 151): formativa, que ayuda a desarrollar programas y otros objetos; y sumativa, que calcula el valor del objeto una vez que ha sido desarrollado y puesto en el mercado.
6.1 Introducción al modelo
6.2 Evaluación amateur contra evaluación profesional
6.3 Evaluación intrínseca y final
6.4 La evaluación sin metas
6.5 Valoración de las necesidades
6.6 Los indicadores de la evaluación
6.7 La metaevaluación
6.8 Ideologías evaluativas
7. La acreditación y certificación
7.1 Definición de acreditación y certificación
7.2 La acreditación en Estados Unidos
7.3 La acreditación y certificación en México
7.4 Los organismos acreditadores y certificadores
7.5 El autoestudio
7.6 La elaboración del autoestudio
7.7 Indicadores
7.8 Criterios de evaluación
7.9 Diagnóstico
8. Los resultados
8.1 Utilidad de los resultados
8.2 Resultados como base para el cambio
8.3 Programas de desarrollo institucional