A raíz de la revolución industrial, el planeta experimentó un proceso acelerado de industrialización y explotación desmedida de los recursos naturales. Escenas de ciudades inmersas en una niebla gris, producto de la contaminación atmosférica, empezaron a hacerse presentes desde mediados del siglo XX, pero fue hasta finales de la década de los ochenta cuando el movimiento ambientalista tomó forma poniendo en la agenda pública la relación entre la contaminación ambiental y la salud humana, mostrando la necesidad de redefinir el desarrollo económico y la explotación de los recursos naturales, para limitar los daños que las actividades humanas generan en el ambiente y por consiguiente, en las sociedades humanas.
Los análisis de Malthus (1978) sobre la limitada capacidad de la tierra para producir alimentos suficientes para una creciente población humana, sirvieron de base para integrar en el discurso ambiental el concepto de capacidad de carga de los ecosistemas y la importancia de comprender que los recursos naturales no son infinitos de acuerdo a las tasas de explotación que las actividades humanas demandan, teniendo que cambiar nuestra manera de relacionarnos con el ambiente del que dependemos.
De esta manera, el concepto de desarrollo sostenible (o sustentable) se introduce en la agenda mundial a través de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), definiendo la urgencia de encontrar un balance entre el crecimiento económico de las naciones y la explotación de los recursos naturales, que resulta innegablemente necesario para obtener dicho crecimiento. Como principal objetivo, el desarrollo sostenible busca proteger la capacidad de las generaciones presentes y futuras para satisfacer sus necesidades y obtener una buena calidad de vida. Así, en 1987 la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU publicó el famoso informe Brundtland, denominado “Nuestro futuro común”, que sentó las bases para que se incluyeran en la agenda internacional el cuidado del medio ambiente y el desarrollo de políticas públicas encaminadas a disminuir los impactos negativos que nuestras actividades tienen sobre el ambiente.
Las diferencias entre los vocablos sostenible y sustentable tienen en principio un origen lingüístico. México es uno de los países que en un principio utilizó el vocablo sustentable, pero hoy en día es común encontrar que ambos términos se utilizan como sinónimos, al igual que las palabras sustentabilidad y sostenibilidad. Sin embargo, es importante conocer que la traducción correcta del concepto original “Sustainable development” es desarrollo sostenible, y poco a poco los documentos oficiales de nuestro país han ido sustituyendo el término hacia la traducción correcta.
Por otra parte, si bien el concepto de desarrollo sostenible tuvo su origen en una visión ambientalista, actualmente se identifica al desarrollo sostenible como una triada en la que confluye la meta de alcanzar el bienestar desde tres dimensiones: la económica, la social y la ambiental, representando una visión holística del mundo.