Con el desarrollo del concepto de sostenibilidad se marcó un nuevo rumbo en las políticas públicas y en la manera de concebir el crecimiento económico. A partir del informe Brundtland, se realizó un esfuerzo por coordinar la agenda de las naciones para construir sociedades más sostenibles, esfuerzo que se materializó en 1992 a través de la Declaración de Río, formulada en la reunión internacional llamada Cumbre de la Tierra. Esta declaración estableció los derechos y las obligaciones de las naciones sobre sus propios recursos naturales y sentó las directrices que debían seguir los distintos países para incorporar en sus políticas la prevención y la mitigación de los impactos negativos de las actividades económicas sobre el ambiente.
A partir de entonces, las distintas comisiones y reuniones mundiales organizadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han generado acuerdos y tratados internacionales de carácter social y ambiental, que han servido para reconocer que las actividades de explotación de recursos naturales y el crecimiento económico generados en un sitio del planeta pueden ocasionar afectaciones importantes en otros puntos del planeta, aun si ambos sitios se encuentran separados por miles de kilómetros. De esta manera, se entiende la importancia de concebir que el mundo es un todo, por lo que es necesario generar alianzas y estrategias globales para reducir y mitigar los impactos de nuestras actividades.
Es así como nace el Protocolo de Kioto en 1997, un acuerdo internacional donde se reconoce la urgencia de generar nuevas estrategias económicas, para reducir la generación de contaminantes relacionados al cambio climático, es el documento que sentaría las bases para avanzar en la agenda global de desarrollo sostenible.
De esta manera, las distintas comisiones de la ONU continúan su trabajo en la estructuración de metas e indicadores que permitan a todas las naciones tener mejores herramientas y claridad en el desarrollo de acciones hacia la sostenibilidad. Su esfuerzo más vigente se materializa en el 2015, cuando la Asamblea General de la ONU firma un acuerdo histórico entre las naciones pertenecientes. Dicho acuerdo, la Agenda 2030, reconoce la urgencia de erradicar la pobreza y el hambre en todo el mundo, asegurar la soberanía alimentaria, los derechos humanos y la inclusión social, garantizando de igual manera la protección de los recursos naturales para evitar su agotamiento y proteger el futuro de las próximas generaciones; esta Agenda es un compromiso para alcanzar la sostenibilidad del planeta.
Particularmente, la Agenda 2030 retoma en gran medida los Objetivos de Desarrollo del Milenio, un acuerdo impulsado también por la ONU para reducir la desigualdad y pobreza en los países en desarrollo, pero la Agenda integra 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aplicables para todas las personas del mundo, independientemente de su carácter jurídico, agrupación o particularidades individuales. A su vez, los ODS conforman 169 metas integradoras que abordan la resolución de problemas en las tres distintas esferas del concepto de desarrollo sostenible: la social, la económica y la ambiental. La Agenda 2030 es un mecanismo que compromete a los Estados firmantes a proveer los medios económicos, de infraestructura y logísticos para la implementación de los ODS y reconoce el cambio climático como uno de los problemas ambientales más urgentes a detener.